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Historia

El lugar de peregrinación mariana más conocido y renombrado de Bohemia - el Sacro Monte - alza desde hace ya más de 330 años su majestuosa silueta sobre la antigua ciudad minera de Pribram. Es un amplio complejo de edificios del barroco temprano con multitud de cúpulas, que por su austeridad externa y las capillas de sus esquinas, que parecen bastiones, semeja una fortaleza, un castillo - el castillo de la Virgen María - a la que está consagrado.
Por estar situado en el centro del país, al Sacro Monte se le solía llamar corazón espiritual de Bohemia. Los datos de que se dispone sobre su historia en épocas remotas son muy escasos.
Afortunadamente, conocemos el aspecto de la pequeña capilla original gracias a un cuadro de la segunda mitad del siglo XVII que reproduce el panorama de la ciudad de Pribram. Se trata de un edificio simple, sencillo, sin un estilo preciso, que responde a la descripción que de él hace Balbin en su libro DIVA MONTIS SANCTI, publicado en 1665, según la cual sus muros eran bastos e irregulares, su techo plano, de madera, con dos entradas sin puerta a cada lado de la nave, el suelo de tierra apisonada y las siguientes dimensiones: 13 metros de largo, siete de ancho y más de cuatro de altura (Balbin da las medidas, naturalmente, en codos). Sus orígenes históricos están rodeados de leyendas. Algunos afirman que fue edificada en 1260 por el señor de Malovec en agradecimiento a la Virgen María por atender sus ruegos y defenderlo de sus enemigos (según algunas fuentes bandidos, según otras soldados), otros indican que la mandó construir el primer arzobispo de Praga, Arnost z Pardubic. Algunos autores señalan que fue construida durante el reinado de Vladislav II, alrededor del 1500. Teniendo en cuenta que el terreno sobre el que se asienta era de uso común y que llevaba los escudos de familias nobles que residían en Pribram y sus alrededores en la primera mitad del siglo XVI, es probable que haya sido construida por el señor de la ciudad. Sin embargo, la falta de estilo, la simplicidad y la escasa maestría de la obra no excluyen que su autor hubiera sido alguno de los ermitaños que habitaban hasta entonces alguna ermita cercana "desde tiempos inmemoriales".
También la estatuilla de Nuestra Señora del Sacro Monte está rodeada de leyendas. Balbin hace referencia a las tradiciones orales que conservaban los más ancianos del lugar, según las cuales la efigie había sido labrada por el propio Arnost z Pardubic, quien la tenía en un altar en la arcada de la capilla de su alcázar, dentro del recinto de la ciudad (el alcázar y la capilla aún se conservan). Se cuenta que durante los levantamientos de la época de los husitas, los mineros la ocultaron en las minas de Pribram, luego estuvo en la iglesia de San Jacobo, en la plaza, y finalmente en la iglesia del hospital de San Juan Evangelista. La extracción de plata de las minas se incrementó a comienzos del siglo XVI con la llegada de mineros alemanes procedentes de los Montes Metálicos, a los que se les cedió la iglesia de San Juan Evangelista. Los mineros checos trasladaron la efigie de Nuestra Señora y la de Santa Isabel de Turingia a la capilla del Sacro Monte y la situaron en un altar lateral, en el muro sur.
La estatuilla de Nuestra Señora del Sacro Monte es antigua, de rasgos góticos, pero resulta difícil establecer con precisión su fecha de origen, ya que en obras como ésta, de factura un tanto rústica, popular, es mucho más probable la pervivencia de estilos anteriores. Es sin duda de origen local y parece marcar el inicio de las tradiciones escultóricas de los mineros de Pribram. Su atribución a Arnost z Pardubic, así como el establecimiento de la época exacta en que fue creada permanecen - a falta de datos históricos más precisos - en el terreno de la leyenda.
La capilla era atendida por ermitaños designados por la ciudad de Pribram. Habitaban una choza de madera en las proximidades del muro norte. La ciudad no hacía diferencias entre ermitaños católicos o protestantes. La capilla estaba abierta a ermitaños de ambas confesiones (¿una capilla ecuménica?), que buscaban allí consuelo, fortaleza, apoyo para hacer frente a las vicisitudes de la vida, y año tras año, desde tiempos inmemoriales, los fieles llegaban allí en procesión - hasta que comenzó la guerra de los treinta años. Fueron malos tiempos. Los ejércitos devastaban el país, saqueaban, incendiaban, robaban, dejaban a la gente en la miseria. La prologada guerra agotaba los recursos del país, llegaban noticias espantosas, la gente vivía aterrada y cundía la desesperación al ver que aquello no tenía fin. La invasión de Bohemia por los ejércitos de Sajonia, en 1631, fue también un duro golpe para el Sacro Monte. Parte de las tropas imperiales acampó allí, haciendo de la capilla un establo para sus caballos. Los soldados quemaron todo lo que encontraron, sólo dejaron las estatuillas que estaban en el altar. La capilla destrozada, profanada, es toda una imagen de aquella época, cuando la patria y la nación estaban literalmente hundidas.
En esa misma época, sin que nadie lo advirtiera, comenzaba a desarrollarse en Praga un acontecimiento que tuvo un inesperado impacto en el futuro del Sacro Monte. Un mendigo ciego, Jan Prochazka, tuvo en repetidas ocasiones un sueño en el que se le ordenaba ir al Sacro Monte a implorarle a la Virgen María que le devolviese la vista. La reiteración del sueño y la imperiosidad del mensaje lo impulsaron a tomar la decisión. Se puso en camino acompañado por su nieto, que tenía diez años. Llegaron a Pribram el 10 de junio de 1632. La choza de los ermitaños estaba vacía. Al cabo de varios días de constantes rezos y ruegos a la Virgen María se produjo el milagro - Prochazka recuperó la vista, tal como se le había prometido en el sueño. Su curación, en base a declaraciones de testigos presenciales y a certificaciones médicas, tal como lo exigía el derecho canónico, fue reconocida como un verdadero milagro.
El mencionado milagro despertó en las gentes las esperanzas que más necesitaban. La noticia se difundió rápidamente y llegó hasta la corte imperial. El emperador Ferdinand II llegó en 1634 con su hijo a la modesta capilla a rendir homenaje a Nuestra Señora del Sacro Monte. Aquel milagro fue un acontecimiento decisivo en la historia del Sacro Monte. Tras la visita del emperador, empezaron a interesarse por el Sacro Monte los nobles de los alrededores, que se prodigaron en atenciones. La capilla fue reparada, se le pusieron puertas, ventanas, tejado, bancos, órgano - el número de benefactores y fieles de Nuestra Señora del Sacro Monte era cada vez mayor. El propio emperador Ferdinand III la visitó en 1646 en dos ocasiones: en la primera con su hermano, en la segunda con su hijo, camino de Praga para las ceremonias de su coronación.
En la interminable guerra, el Sacro Monte corrió varias veces peligro de ser ocupado por los soldados, pero la efigie de Nuestra Señora siempre fue escondida a tiempo.
Dada la escasez de sacerdotes, al deán de Pribram le resultaba difícil satisfacer la demanda de servicios religiosos y no asistía con frecuencia al Sacro Monte. Los nobles de los alrededores presentaron por ello al emperador una petición para que la administración espiritual de la capilla del Sacro Monte quedase en manos de los jesuitas de la cercana localidad de Breznice. El emperador la aceptó y los jesuitas se hicieron cargo de ella el 24 de agosto de 1647.
Los padres de la Compañía de Jesús empezaron poco a poco, pero pusieron todo su empeño en atender los servicios religiosos tanto en el Sacro Monte como en las parroquias abandonadas de los alrededores.
En 1648 terminó la guerra más prolongada de la historia de Bohemia. La situación era desastrosa, en todas partes había algo que arreglar. Pero el sacrificado servicio de los jesuitas en el Sacro Monte empezaba a rendir frutos. El número de peregrinos, penitentes y suplicantes iba aumentando gradualmente - y la capilla era demasiado pequeña. Finalmente, al cabo de más de once años, los jesuitas decidieron construir un amplio complejo de edificios destinados a los peregrinos que respondiese a las necesidades derivadas del incremento del número de visitantes. El 13 de febrero de 1659 el padre Benjamin Schleyer se reunió con el arquitecto Carlo Lurago para estudiar el proyecto del futuro complejo barroco. El padre Schleyer le expuso seguramente sus intenciones y Lurago las realizó en forma de planos.
Lurago ya había hecho antes para los ¡esuitas los planos para la iglesia de San Francisco Javier, para la iglesia del cementerio de San Roque y para la capilla del cercano balneario de Dobra Voda. Más tarde ejecutó para la Compañía de Jesús otras muchas obras de importancia en distintos lugares de Bohemia.
Lurago y el padre Schleyer decidieron conservar la capilla original y construir alrededor de ella ocho capillas y dos antesalas, formando una terraza elevada, rodeada por un claustro rectangular con torreones octogonales en las esquinas, con forma de ,,bastiones", en el que habría otras catorce capillas. La realización del proyecto requería considerables medios. Pero los jesuitas, con un buen trabajo propagandístico, no tardaron en conseguir los necesarios mecenas entre la nobleza y la burguesía y el apoyo de innumerables peregrinos anónimos. Los costes fueron de ese modo cubiertos por todas las capas sociales de la nación, y se edificó así un verdadero monumento nacional, creado, según la máxima de la Compañía, a mayor gloria de Dios, y en este caso también de Nuestra Señora del Sacro Monte. Los más ricos - la nobleza y las ciudades - aportaron los fondos necesarios para la construcción de las 22 capillas mucho antes de que empezaran las obras. Pero con los cimientos (los primeros fueron los del lado occidental del claustro) no se empezó hasta un año y medio más tarde - el 29 de julio de 1660. En 1661 se pusieron los cimientos de las capillas de las esquinas y para cerrar el recinto se levantaron los muros de la gran loggia. El lento inicio de las obras se vio interrumpido por los enfrentamientos bélicos, esta vez contra los turcos, que avanzaban a través de Hungría hacia Moravia. El 18 de abril de 1663 el Imperio Otomano le declaró la guerra al emperador. El Prior de los Caballeros de la Cruz, J. J. Pospichal, escribía el 9 de septiembre de aquel mismo año que ,,hay un miedo horrible en Praga, como si los turcos ya estuvieran muy cerca, tal miedo que describirlo resulta imposible. Señores y campesinos de muchas millas a la redonda huyeron en tal número a Praga que apenas cabían por las puertas. Y la propia gente de Praga, aturdida hasta lo indecible".
Temiendo por lo que pudiera pasarles a la efigie de la Virgen María y a los tesoros que reunía el Sacro Monte, los padres jesuitas decidieron trasladar todos los objetos de valor a Praga. Aunque la guerra finalizó ol año siguiente con la victoria del emperador, los ¡esuitas pospusieron su regreso hasta mayo de 1665, cuando la situación ya estaba consolidada. Pero las obras se reiniciaron, con toda la intensidad y la planificación requeridas, en cuanto terminaron los combates, en 1664.
Primero se levantaron las capillas octogonales de las esquinas, luego los sectores occidental y meridional del claustro, la loggia, con sus tres capillas abiertas al occidente del santuario, y por fin el sector oriental del claustro y el septentrional, junto al cual está situada la residencia. Para 1673 las obras ya estaban casi terminadas, incluidos los elementos ornamentales. De modo que la construcción corresponde fundamentalmente al período que va de 1664 a 1673. Ya el 27 de agosto de 1673, en presencia del arzobispo de Praga, Matous Sobek z Bilenberku, se celebra la consagración de la iglesia y de tres de sus capillas. Las celebraciones prosiguen y al cabo de tres días llega al Sacro Monte el emperador Leopold I, que ofrece al santuario generosos presentes. De todos los lugares de peregrinaje en Bohemia, los preferidos de Leopold I son Stara Boleslav y el Sacro Monte, al que peregrinó nuevamente en 1680, el año de la gran peste, cuando trasladó su residencia de Viena a Praga. Las visitas de personajes destacados contribuyeron también a que se extendiera la fama del lugar.
La conclusión de la edificación del santuario se vio nuevamente dificultada por las guerras y la peste (la peste en 1680, la llegada de los turcos a Viena en 1683).
Las obras volvieron a ponerse en marcha a finales del siglo XVII y a comienzos del XVIII. La elevación natural del terreno que estaba rodeada por las arcadas del claustro y que servía de base al santuario principal, se convirtió en una terraza de piedra, con una escalera y una balaustrada adornadas con numerosas estatuas de ángeles y santos. Las dos puertas de entrada se completaron con esculturas, bustos y relieves y con dos majestuosos y arquitectónicamente complejos portales en estilo barroco tardío.
El Sacro Monte estaba cuajado de piezas artísticas, obra de muchos pintores, escultores, estucadores y artesanos de talento, y era una verdadera maravilla para los peregrinos que acudían de todas partes en grandes procesiones o hacían en solitario el camino desde los más diversos confines de Bohemia y Moravia. Crecía su número, la fama del lugar se extendía más allá de las fronteras, las procesiones llegaban desde Baviera, Austria, Hungría y otros países. Bohuslav Balbin apunta ya en la segunda mitad del siglo XVII que ,,por los caminos de esta región no cesan las continuas procesiones al Sacro Monte, toda la región está literalmente santificada por la fe" y añade: ,,a cualquier riqueza se impone el Sacro Monte, porque nada hay más valioso que la salud que la bendita Virgen del Sacro Monte devuelve a la gente por la gracia de Dios con sus milagros. Es un don excepcional, el bien más preciado y afamado de estos parajes."
De las curaciones milagrosas, de los auxilios recibidos por quienes estaban en peligro de muerte, tomaban puntual nota los jesuitas - muchos de ellos se publicaron en la prensa, de otros muchos quedó constancia manuscrita. En total se registraron más de mil milagros, que hicieron que generaciones enteras de peregrinos buscaran el auxilio de la Virgen personificada en su imagen del Sacro Monte, en la imagen de la Madre de Dios a la que dedicaban los mayores honores, atenciones y cuidados. La efigie era ataviada en diversas ocasiones con ricas vestimentas, cuyo número se incrementaba constantemente. Estaban confeccionados en suntuosos tejidos ricamente ornamentados, pero a los peregrinos eso no les parecía bastante para la Reina de los Cielos. Con sus ofrendas se hizo para ella, en 1723, una coraza de oro, adornada con piedras preciosas, esmaltes y perlas (que fue enriquecida aún más en 1734). La efigie estaba situada en el altar mayor, que se construyó en varias etapas, en plata maciza, pero los adoradores de la Virgen querían aún más - una corona real, de oro puro.
La coronación de las imágenes divinas y las efigies marianas se introdujo en 1640 por iniciativa del jesuita italiano Alessandro Sforza Pallavicini, quien llegó a la conclusión de que si los príncipes reinantes llevaban coronas de oro, más derecho o hacerlo tenían la Reina de los Cielos y su Hijo. Con la autorización de una comisión especial del Vaticano, fueron coronadas las imágenes marianas de los más famosos santuarios, primero en Italia y luego en los demás países. Ese privilegio le correspondió finalmente también a la estatuilla de la Virgen María del Sacro Monte y con ello a todo el Sacro Monte, que se situó así entre los lugares de peregrinación más afamados del mundo. La primera coronación tuvo lugar el 22 de junio de 1732. Para esta festividad se construyeron algunos altares, la Puerta de Praga se cubrió de frescos y todo el Sacro Monte se adornó con una magnificencia y una pompa nunca vistas hasta entonces en la zona. Los festejos se prologaron durante ocho días, con la participación de innumerables peregrinos, de miembros de la nobleza y del clero.
Se llegaron a oficiar hasta setenta misas en un solo día. La coordinación fue perfecta, ya que se contaba con la experiencia previa, poco antes, de los festejos de la beatificación (en 1721) y de la canonización (en 1729) de San Juan Nepomuceno, que se habían celebrado en Praga y el cercano pueblo de Nepomuky, con la participación de toda la nación; aquella había sido una verdadera explosión de festejos y servicios religiosos. Y la coronación de la Virgen en el Sacro Monte fue la culminación de las festividades precedentes. Fue un momento de excepcional religiosidad, que coincidió con el centenario de la milagrosa curación del peregrino Prochazka, que recuperó la pequeña capilla maltratada y humillada que luego se convirtió en santuario central del lugar de peregrinaje más importante del Reino de Bohemia.
Desde el punto de vista histórico - artístico puede afirmarse que el estado arquitectónico y la ornamentación del Sacro Monte eran ideales precisamente en el momento de la coronación. El espacio central era reducido, conservaba las dimensiones de la capilla original, con un techo plano de madera tallada y dorada, con muchas lámparas de plata y un pequeño altar de plata, bajo, bien proporcionado, que daba la impresión de ser un espléndido cofre en el que se guardaba el más precioso de los tesoros. Todo estaba terminado - el programa iconográfico estaba cumplido, la concepción arquitectónica inicial estaba completa (y por el momento inalterada). Todas las capillas estaban adornadas con estucados de gran calidad, obra de los mejores artistas Italianos que por entonces ejercían su oficio en Bohemia y las pinturas eran originales, incluidos los escudos nobiliarios de muchos mecenas.
En los años posteriores se intentó mejorarlo y modificarlo todo, no siempre con éxito. Las condiciones climáticas adversas (las lluvias, los vendavales, las heladas, la escarcha) motivaron que en 1746 se tapiaran las arcadas de las tres capillas abiertas del lado occidental y se abriera el muro que las separaba de la iglesia, uniéndolo todo en un conjunto poco proporcionado. El templo - la iglesia de la Asunción de la Virgen - era capaz de acoger a muchos más peregrinos, pero la atmósfera del lugar se había perdido. El espacio casi misterioso de la vieja capilla en penumbras se abrió hacia la nave central, la más alta, de lo que hasta entonces era la logia occidental (y a través de ella con todo el resto de la logia) - fue un encuentro entre dos mundos diferentes.
El espléndido estucado de las capillas del claustro recibió, seguramente con posterioridad a 1751, aportaciones pictóricas anónimas de desigual valor. Probablemente algún hermano laico, como era habitual, adornó las cúpulas del claustro con imágenes de unos cien acontecimientos milagrosos que se produjeron entre 1639 y 1751 por intercesión de la Virgen del Sacro Monte. Cada una de las escenas lleva la fecha en que se produjo. La más tardía es de 1751, y eso permite datar aproximadamente la fecha en que fueron pintadas.
Debido a la cantidad de peregrinos, la iglesia, aún después de su ampliación, seguía siendo pequeña, y por eso los jesuitas decidieron ampliarla aún más. En la década de los setenta del siglo XVIII encargaron los planos de una reconstrucción completa, pero no llegaron a realizarse. En 1773 la Compañía de Jesús vio interrumpida su actuación por más de cuarenta años y el Sacro Monte quedó en manos de administradores civiles (desde 1796 con título de Preboste).
Con la marcha de los jesuitas fue como si el Sacro Monte hubiera quedado desierto. La vida religiosa fue limitada por el Estado, las procesiones prohibidas, los conventos cerrados e incluso el Sacro Monte se vio privado de una parte sustancial de sus propiedades. Los prebostes - con frecuencia personas de avanzada edad - tenían problemas para hacer frente, con la ayuda de sacerdotes auxiliares, a los servicios religiosos mínimos. Para el mantenimiento ya no les quedaban fuerzas ni recursos. A todo lo largo de su actuación apenas lograron, en 1848, reemplazar el tejado plano de la parte más antigua de la iglesia por otro abovedado, de la misma altura que el que cubría la parte más occidental.
La tarea que esperaba a los sacerdotes de la congregación del Santísimo Salvador (los redentoristas) cuando se les confió en 1861 el Sacro Monte, no era fácil. En primer lugar tuvieron que dedicar notables esfuerzos a las reparaciones. Los frescos de las capillas abiertas ya apenas se distinguían o estaban completamente destruidas, al igual que los frescos o los retratos del claustro.
El programa iconográfico de los jesuitas fue alterado parcialmente por los redentoristas de acuerdo con las necesidades de su propia congregación. Modificaron la consagración de algunas capillas y altares. Todas las imágenes fueron alteradas o restauradas. En 1903 efectuaron una remodelación general de la iglesia, y la nave, hasta entonces vacía, fue decorada con un estucado seudobarroco, en parte en estilo art nouveau. Tras las largas obras de restauración y renovación solicitaron del papa Pio X que la iglesia fuera elevada a la categoría de ,,basílica" un título que el Santo Padre reserva, excepcionalmente, para los lugares de culto más afamados. El papa Pio X (posteriormente beatificado) aceptó la petición de los redentoristas y otorgó el breve ,,Sacri aedibus" mediante la cual elevó al Sacro Monte a la categoría de ,,basílica menor". Las festividades que se celebraron con motivo de ello fueron espléndidas, como correspondía al título otorgado. El Sacro Monte, por supuesto, no es una basílica desde el punto de vista arquitectónico, pero lo es desde el punto de vista religioso (simbólico) en tanto que palacio real, palacio de la Reina de los Cielos, la Virgen María. La basílica y la capilla de la Coronación obtuvieron varios altares nuevos y entre 1928 y 1934 quedó por fin decentemente arreglado el terreno situado ante la cara oriental.
Los redentoristas ejercieron aquí su benéfica obra hasta 1950, cuando se vieron obligados a abandonar el Sacro Monte durante 40 largos años. Su regreso en 1990 volvió a plantearles - como cuando llegaron por vez primera - difíciles tareas, que al tiempo que los servicios religiosos, implicaban tanto el mantenimiento y los habituales trabajos de restauración como las grandes obras de reconstrucción. Entre las más extensas y más costosas figuran la refacción de la escalera del Sacro Monte (los nombres de los numerosos donantes figuran en las placas del pasillo) y la reconstrucción de la terraza de piedra, del patio de entrada, de la escalinata de la Puerta de Praga, de los portales, etc. jQue la Virgen María y la generosidad de los peregrinos y de otros visitantes los acompañen en su difícil, meritoria y admirable actuación!

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